Sopa brasileña de yuca y res porque todo depende

Una semana más tirando de fondo de armario. Me quedo sin perchas, así te lo digo. Pero se me ha metido entre ceja y ceja no faltar a mi cita semanal y menuda soy yo para estos lances. No dejo pasar ni uno y es que a voluntariosa no me gana nadie. Es cierto que algunas malas lenguas - con buen criterio- dicen que lo que soy es una cabezona de mucho cuidado. De todo habrá, no lo niego pero eso de echarle voluntad queda más beato y virtuoso que apostillar una cabezonería simple, que además de vulgar -por aquello de estar holgadamente extensa entre el pópulo bárbaro- se puede confundir con una malformación craneoencefálica o algo peor. La terquedad se suele relacionar con el bruterio y la obstinación con la persona de ciencia. Como siempre, el uso nos condiciona a la hora de entender palabras que, aun significando lo mismo, dan a entender cosas distintas...
Y es que de nuevo, ando ofuscada con esos adjetivos que aun siendo iguales suenan tan dispares dependiendo de a quién se le aplique. Estoy leyendo Fortunata y Jacinta de Galdos. Increíble lo poco que hemos cambiado como sociedad. Tantos adelantos, satélites, cables y antenas, sondas a Júpiter, tantos diplómas y doctorados... pero leyendo a Galdos puedes comprobar que todas las frases hechas de sus personajes son las que siguen al uso hoy en día. Y la mentalidad? me juego que también. Poco cambia la cosa salvo en la manera de plantearlo.  He leído en más de una, acusaciones a ciertos escritores contemporáneos tachándolos de machistas. A alguno de ellos le he leído bastante y yo jamás he sido testigo ocular -en lo que a páginas se refiere- de desplantes al sexo femenino. En cambio Don Benito, como buen hombre de su tiempo, habla de nosotras con una displicencia brutal. No con saña, al contrario, si me sabe brutal es por su carencia de despecho o prejuicios. La mujer juiciosa -como Jacinta- es la obediente, la que se dejó educar desde niña por su suegra para moldearla a su parecer, la que calla y sufre sin dar ni un ruido. La perfecta anfitriona, la devota esposa y la angelical nuera. Y de buena familia, claro...
Las mujeres pobres jamás son juiciosas. Pueden ser mártires, vulgares, sucias y ajadas, malencaradas o buenas y honradas. La que sale guapa y con talentos, se le desdoblan las honradeces. Cualquier señorito puede llegar y engañarlas, prometerlas el oro y el moro, preñarlas y luego abandonarlas a su suerte en la mayor de las miserias y calamidades. Una mujer engañada y abandonada era mala mujer. Igual daba si era bondadosa y honesta. No era honrada y eso no es de perdonar. Una mujer lista, si empleaba sus virtudes para enriquecer al marido, levantar el negocio o extender el buen nombre de la familia, esa era una joya. Si lista pero dedicada a autoabastecerse de caprichos y otros lujos mundanos, era una pécora. Una desgraciada...

Pero un hombre ya podía ser un calaveras, un inútil, mezquino, egoísta, vago o déspota.  Mientras fuera un señorito de buena familia -y con importantes caudales- podía vivir a cuerpo de rey parasitando y sin dar un palo al agua. No importaba que tuviera horchata en las venas porque de cara a todos, era un caballero, un ejemplo a seguir y un señor a alabar por el respetable. El pobre, aunque simple y miserable, si salía servil era de confiar. Sino, tenía lo que se merecía...
Y los niños, los pobrucos, siempre pagando las miserias de los mayores. Hambruna, miseria y enfermedad. Las hileras de hombres acarreando cuerpecitos de camino al cementerio mezclándose son el ruido de los tenderetes y vendedores ambulantes en las calles. La enfermedad los arrasaba a todos ya fueran de alta cuna o nacidos en un rellano pero unos morían entre sábanas y otros entre mugres... no, no han cambiado tanto las cosas. Dicen que el Mediterráneo ha subido su caudal por causa de los miles de muertos que acumulan sus aguas. Va a ser que lo que nos cuenta Don Benito no es historia, sino nuestra realidad.

Antes los pobres venían de barrios marginales, luego de provincias y ahora de ultramar. A ellos, los tachamos de pobres, de ignorantes y de poco fiar. Eso cuando estoy en España. Aquí la ignorante, la buscona y lianta soy yo. Me toman por una caza buen partido sureña. Y me han llegado a decir "ahh, qué suerte has tenido". Yo les contesto que no, que pa'suerte la del Günter. Que vino a España a estudiar, que me conoció y se empeñó en que me enamorara de él. Que yo tenía un buen trabajo pero él no y que por eso, lo dejé todo - una bonita vida, bonita familia, bonitos amigos y mi bonita cuidad- para seguirle hasta aquí, donde él tiene un bonito trabajo, una bonita familia, bonitos amigos en una ciudad que no siempre es bonita pero que está bien para vivir. ¿Quién ganó más en estos amoríos? Lo ves? todo depende de quién lo mire...
Esta sopa para mí es exótica. Para un brasileño, es sopa rústica, de diario. En cada casa tiene su toque. Se la pude hacer con restos de una barbacoa o asado. Incluso, es típica con lengua. El otro protagonista es la yuca o mandioca, y si aún no la has probado decirte que es muy similar a la patata. Varios organismos internacional que luchan contra el hambre en el tercer mundo, apuntan a que se debe extender el cultivo de la yuca por todos los continentes ya que su cultivo es fácil, no necesita de fertilizantes, ni de mucha agua ni tampoco coge plagas o enfermedades pudiendo cultivarse de manera biológica sin encarecer costes. Es por tanto, el alimento ideal para evitar hambrunas ya que sacia rápido y tiene calorías para dar y tomar... bueno, no más que la patata para qué mentir.
Ingredientes para 4 personas:
  • 300gr. de carne en trozos  menudos
  • 400gr. de mandioca en trozos menudos
  • 1 cebolla pequeña o 2 chalotas
  • 2 dientes de ajo
  • Puerro
  • caldo en pastilla y 1 litro agua
  • unas gotas de aceite para 

Notas:
  1. Ya lo he comentado más veces. Yo uso un concentrado de caldo vegetariano y bio de la marca Alnatura. Muy sabroso y recomendable si tienes acceso a esta marca. Si usas un caldo de pollo o de carne, no te quedará un color tan verdoso como a mí.
  2. En esta ocasión, quité un poco de puerro para poder gastar una cebolleta que me corría prisa usar. La cantidad en cualquier caso, va un poco a gustos. El caldo ya es bien sabroso, así que creo que da un poco igual la cantidad.
  3. También se le puede echar un tomate rallado o en puré.

Preparación:
  1. En una olla, pon las verduras picadas en fino y rehoga con unas gotas de aceite. Cuando coja color, añade la carne también en trozos y espera a que dore ligeramente.
  2. Añade la yuca también cortada, el concentrado de caldo, el agua y deja que cueza a fuego lento mínimo una hora hasta que veas que la carne esté tierna y la yuca se trasparente. La mandioca suelta mucho almidón así que espesará sola. Rectifica sal de sal si fuera necesario. 

pollo macerado con limón y leche de coco por ir de increíble Hulk

Aquí esto de nuevo, cumplida, que no se diga que no estoy poniendo empeño de publicar una vez a la semana. Anda que no me es complicado ni nada! y no por falta de preparaciones que de forma milagrosa junté tres recetas en lista de borradores y de ellas voy viviendo y tirando de fondo de armario porque si no el blog estaría de nuevo mudo y hambriento. Y es que hay rachas que uno no llega con una sola vida, anda que no estoy yo pensando en el Garnier (el de los pelos no, aunque mis canas también necesiten de un repaso) y en la posibilidad de poder avisar a mis otros yo para que me echen una mano ya sea desde el pasado o desde el futuro que si a caballo regalado no se le mira el diente, al tiempo menos todavía...
Así que iré al grano. Perdona que sea tan chapucera pero no es tiempo de historias mimadas, plácidas y bien hiladas. Si mi vida es un huracán con vientos de mil por hora es de entender que en el blog no vaya de piedra porosa, equilibrada mental y meditadora imperturbable. No. Imposible. La realidad es que voy por la vida como el increíble Hulk,  que pusieron la peli el otro día y a la que le disparaban a saco el pobre decía "dejarme en paaaz" y mira, sentí una empatía brutal. Eso digo yo.. "dejaaarmeee en paz" y qué no. Qué no. Las hormonas menopausicas me tienen verde. El ordenador se ha tirado toda la semana estropiciado el tipo. Negra, me ha puesto, negra. Y al final, para perder el photoshop y otras guarrearías que guardo en mi Windows por lo que me ha tocado fin de semana dedicado a descarga y carga y vuelve a descargar... y mientras, morada cual lombarda cruda... que no borracha.
Que ni una clarita de limón me voy a poder tomar. Que me han cazado de nuevo en la revisión anual. No te lo pierdas, pero se han olvidado de mirar al bichejo, no han medido las paraproteínas de la discordia así que la semana que viene de nuevo a sacar sangre y repetir trámite. Aún así, prohibido todo. Tengo el colesterol alto y la tensión desatada. Me han quitado mis fiambritos que tan ricamente nos apañaban muchas noches. Las salchichas, todas fuera. Y esto va a traer tela en mi casa porque los chicos no se dan por aludidos y dicen que yo no puedo, que pobre de mí. Piensan que la historia no va con ellos... no nooooo, yo soy bruja con poca madera de sufridora y no voy a hacerme menú a parte mientras ellos se ponen morados a frankfurter...
Y no contentos, pues que me han dicho que tengo 50 años, algo de lo que ya me había enterado, para no faltar a la verdad. Lo que yo no sabía es que a esta edad hay que empezar a vigilarse el cuelte y directamente me ha tocado volante al hospital para una colonoscopia. Mira no. Le he dicho a mi doctora -no es literal pero casi- "por dios, no busque más". Ya me han fichado uno, no? pues entonces por qué no dejarme vivir tranquila y no seguir con ese ansia de buscar y buscar... pues dicen que es lo suyo, porque el sistema social es el que manda y si dice que buscar, se busca. Y si dice que hay que vigilar se vigila. Y punto y pelota. Pero en mi cuerpo deseo mandar yo, que le voy a hacer si salí así de egocéntrica. Si me siento bien ¿por qué hacer de mí otra vez una enferma? por qué querer abrir de nuevo la caja de Pandora y volver a revivir esa asquerosa sensación de sentir que quién busca siempre encuentra...

Qué no. Qué no voy. Digo esto, porque a ti es a la primera persona humana que se lo cuento. Luego me pondrá todo el mundo la cabeza como un bombo y ya me veo cual corderín pidiendo hora pero es que no es justo. No es de ley que me apabullen de esta manera, con un tiroteo de escándalo por todos los flancos y por más que digo eso de "dejarmeeee en paaaz" qué no, que el sistema está hiperactivo y ha decidido buscarme una vez más las cosquillas... pues no me da la gana!
A ver, receta deliciosa que hice antes de navidad y por aquí se quedó la tipa sin salir de mi editor. Desde entonces ya ha caído varias veces y siempre con mucho éxito. Kevin, el mejor amigo de Lucas, me ayudó con las fotos y de hecho, él emplató esta delicia. Mientras mojábamos los trocitos de pollo en salsa se relamía los dedos como un poseo, soltando una retaila de uhmmss que daba gusto solo de oírle. Así que mientras Lucas salía de clase -los miércoles que es el día en el que quedan, Kevin sale una hora antes y me hace de pinche- aprovechamos para fotografiar este plato que inicialmente, lo probé de pescado. Fue en una de esas jornadas de cocina internacional que hacíamos en la oficina de integración. Lo preparó una chica de indonesia pero con lomos de pescado y al horno. Para mi gusto salió seco, sin duda mucho más rápido y jugoso a la plancha. Ella no usó perejil sino albahaca asiática que yo por aquí no pillo ni en sueños. Con cilantro también es muy asiático aunque yo usé perejil que es más lo mío... y ajo, yo con ajo.
Ingredientes para 4 personas:
  • 2 pechugas cortadas en filetes o tiras grandes
  • el zumo de un limón
  • 200ml. de leche de coco
  • más o menos 2 cdas. de salsa de soja (no todas salan igual)
  • 2 dientes de ajo machacados
  • unas semillas de cilantro molidas
  • perejil o cilantro fresto
Ingredientes para el arroz:
  • 4 taza de té de arroz jazmín
  • agua con sal (hasta que cubra)
  • 200ml. de leche de coco 
  • opcional: si puedes, unas tiras de hoja de banano que le otorga un aroma muy sutil pero muy auténtico
  • un poco de aceite de coco


Preparación:

  1. Corta las pechugas en tiras grandes a modo de lomitos. En un bol, las dejas macerar con el zumo de limón, la leche de coco, el ajo machacado, la salsa de soja y las semillas de cilantro molidas. Deja que macere por lo menos un par de horas.
  2. Mientras preparamos el arroz. En una cacerola con fondo difusor coloca el arroz previamente lavado, cubierto al ras con agua con sal. No necesita mucha agua el arroz jazmín y menos a éste que le falta por echar la leche de coco. 
  3. Lo llevas a ebullición, le añades la leche de coco, esperas a que vuelva a hervir y lo retiras del fuego sin abrir. A los 5 minutos, abres la tapa, lo remueves con una cuchara de madera y lo vuelves a tapar. 5 minutos después, casi me juego el pellejo a que estará tierno. Sino es es así, lo vuelves a tapar otro poco. Si ya está tierno, lo mueves un poco con la cuchara para que evapore un poco la humedad y así quede seco en el plato.
  4. En una sartén, mojada con un poco de aceite de coco, fríe las pechugas escurridas hasta que tengan un bonito color dorado. No cargues mucho la sartén para que no se "cuezan". Al terminar, añade a la misma sartén el líquido de la maceración y dejar que la salsa coja color. Añade el perejil picado.
  5. Antes de servir, baña cada filetito de pollo en la salsa y lo emplatas sobre una capa de arroz. Sirve la salsa a parte para cada comensal se sirva a su gusto.

Ensalada de brócoli y bacon porque hoy no criticarás

Tercer intento de proyecto de entrada. Quiero ser positiva. No quiero criticar. No quiero aleccionar. Quiero hablar de las amapolas o cosas similares pero mis teclas me han salido respondonas y quieren tocar los cimbeles al personal.. y digo cimbeles por no entrar en términos genitales más concretos que te puedan hacer creer que la que escribe es vulgar y malhablada. Nada de eso. Desde que soy guiri hago un uso del castellano -español para los latinoamericanos que me regañáis por no tener pelotas de llamarlo por su nombre- muy correcto... nooo, pelotas no es palabra fea, sino requete mal interpretada... oye! no me hagas perder el hilo que se me va el brócoli al carajo... ¿por dónde iba?
Pues realmente, por ningún sitio. Aquí estoy, sin hilar concepto y sin líneas de impresión que me saquen del apuro... debería volver a borrar y darle una oportunidad al cuarto intento. Pero no. Me planto. Estaba dispuesta a hablarte de la desdichada conciliación trabajo-familia que tanto aprieta por tierra española, curiosa concretización de un drama en un país con un panorama laboral tan lamentable, tan insultante. Curioso que escueza más la conciliación que el empleo y la calidad de los trabajadores ya tengan críos o no. También quería contarte una historia de mi Lucas, un relato en positivo de como desdramatizar el acoso escolar y de cómo se hace imprescindible hablar con ellos, hacerles ver que no es un problema para quién lo sufre sino que el problemático es quien lo hace. Algo que contaré, pero cuando el cuerpo me lo pida que los días con la hormona protestona no son los indicados para sacar conclusiones ni tocar temas de importancia...
En fin, que falta de ideas no es. Hoy me empuja un ansia brutal de dejarme de llevar, de decir a los cuatro vientos "queridos zotes de este mundo, hoy no me tocaréis mis glándulas porque no me da la gana". Soy feliz y seguiré siéndolo por mucho que mi facebook se empeñe en lo contrario y por mucho que algunos artículos absurdos mezclen churras con merinas o para decirlo sin pelos ni pellejos, mezclando kilos de más con obesidades haciendo de todo ello un estás enfermo por dentro y por fuera... pues grito, y sin reparo alguno, que para detectar enfermedades están los facultativos del ramo y a ser posibles colegiados. El resto, por favor, que miren a bien cuidar sus exposiciones verbales que el idiotismo acecha detrás de cada palabra y máxime cuando apesta a post sensacionalista en busca de comentarios...

Hoy me levanté diciéndome: Mai, no criticarás. ¿Estoy a tiempo de cumplir mi palabra? No lo sé pero créeme si te digo que yo no quería. Te juro que quiero seguir siendo feliz a secas. Esta mañana mi hijo me saludó con un abrazo calentito y reconfortante. Mi mendrugo, al salir de casa, me dio las gracias por haberle hecho el despertar más amable. Skypeé con mi Lola, arreglando entuertos y hablando de hacer mantequillas caseras en un santiamén... leí mi patente de corso de cada lunes y me tuve que reír, porque Don Arturo de nuevo escribió sobre algunas tontadas.. qué arte tiene este hombre para poner los puntos sobre las ies. Es verdad que los españoles a veces se lo ponemos a huevo... pues tampoco es una palabrota, es frase malsonante a partir de una palabra alta en proteínas. Decía que sí, que ni pintado porque a tontadas los españoles somos genios.
En fin, que todo apuntaba a que esta entrada de hoy iba a ser feliz, coloreada y sanota pero ya ves que llevo un rato -largo- luchando por no torcer el gesto y aplicándome con excesiva vehemencia para mi gusto, en concluir este post sin ton ni son, con masticar de muelas porque al buen rollo a veces cuesta darle cuerda. Todo depende de donde mires y a donde vayas. Yo a lo mío, me quedo aquí contigo, a tu vera y si quieres comer, te invito. Ensalada de brócoli crudo, que está delicioso, muchísimo más rico que cocido que pierde el sabor y la textura. Para que la receta de hoy no fuera tan sana le he añadido bacon y para que no fuera tan Jamie Oliver la he españolizado añadiéndole pimiento rojo, también en crudo... deliciosa! por cierto, la receta pertenece al libro Jamies Amerika.
Ingredientes:

  • 1 cogollo de brócoli
  • 2 tomates pequeños o 1 y 1/2 medianos
  • 1/2 pimiento grande y carnoso
  • 100gr. de bacon ahumado en lonchas
  • 1 cdta. de mostaza
  • 1cdta. de miel o sirope de ágave
  • un chorro de buen vinagre
  • un chorro de aceite de oliva
  • sal y pimienta a gusto

Preparación:
  1. Corta los tomates y el pimiento en trozos pequeños. Desarbola el brócoli y colócalo todo en la ensaladera.
  2. Prepara el aliño mezclando bien todos los ingredientes y a la hora de servir pon por encima las lonchas de bacon previamente fritas y cortadas en trocitos menudos.

Crema de coliflor y queso

Y pasó la semana en un visto y no visto. Por poco vuelvo a faltar a mi palabra de volver a publicar una vez a la semana. Es verdad que tengo tendencia a faltar a mis promesas pero juro por esta coliflor que soy inocente y que tales mentiras son obra de mis buenas intenciones las cuales resultan siempre ser más entusiastas que mi propio tiempo y es que con el pasar de los años, el tío se ha vuelto canalla y se despacha por la vida sin esperarme ni a tomar aliento. Juro que no siempre fue así, porque hubo un tiempo de pequeñaja que el tipo no pasaba ni a patadas. Qué ganas de crecer, de recorrer mundo, de encontrar un amor... en fin, de todo lo que un pimpollo es capaz de desear cuando mira a los mayores. Esto me ha hecho recordar a mi abuelo Saturnino que cada navidad, nos decía: un año más para ti y uno menos para mí. Aquello nos hacía gracia hasta que murió la abuela Teresa y entonces en navidades solo lloraba y esa frase tan ocurrente y chisposa se volvió dolorosa con sus lágrimas y congojas...
Nosotros no nos dimos cuenta pero la vida de mis abuelos fue casi de película. Drama, como la de todos los que les toca vivir una guerra. Ellos se conocían de antes del levantamiento. Lo que yo sé de aquellos tiempos, viene de las charlas -las muchas- que me daba mi abuela. Me gustaba mucho ponerle orejas y ella jamás dejó pasar una ocasión. El abuelo a veces también nos contaba pero a él se le escapan más las emociones y es que fue un hombre de mucho temperamento. Cabezón hasta la médula, de genio, muy gruñón y muy agarra'o. De esos que no miraba la peseta sino el céntimo. Creo que no era su carácter porque curiosamente, aunque protestara, siempre fue muy generoso. Guardaba y escondía, vivía sin aparentar y cada vez que mi abuela le decía "Satur, que tenemos que cambiar esos zapatos o esos pantalones" él se ponía como una fiera. "Hala Tere, qué bonito lo ves todo. Eso, venga, a gastar como si nos sobrara". Y la cosa es que sí, sobrar algo le sobraba pero le costó mucho tiempo relajarse y sacar dinero de las paredes de la trastienda porque como te lo cuento, mi abuelo en cuestión de pasta no se fió jamás de nadie salvo de sus ladrillos huecos que escondían fajos de billetes.
Y no eran ricos ni lo fueron. Pero en la guerra lo perdieron todo. Mejor dicho, se lo expropiaron. Los coches de alquiler de su padre, sus bicis -era ciclista profesional- el equipo de su hermano que era corresponsal y fotógrafo.. en fin, todo menos una moto que se la dejaron porque se convirtió en correo del alto mando y pasaba correspondencia desde el estado mayor en Madrid a todos los frentes peninsulares. Este ir y venir -según mi abuela- hizo que a ella y a la familia jamás les faltara comida. Mi abuelo se presentaba con sacos llenos. Por lo bajo, la familia le tildaban de contrabandista. Por lo que he podido hilar, hacía estraperlo para los generales y de cada reca'o él se sacaba su tajada. Esta actividad clandestina, le proporcionó buenas amistades y buenos dineros hasta que cayó en desgracia. En una de sus idas y venidas, un amigo le advirtió. Hay orden de detención contra ti en Madrid. Con un par, se dijo que esa moto no la perdía. La enterró y se presentó en Madrid con una mano delante y otra detrás. Como no soltó prenda, no le liberaron y así permaneció hasta el final de la guerra. En ese tiempo hizo migas con otros presos, y eso posiblemente le salvó la vida.
Al tomar Madrid todo aquel vinculado con el alto estado mayor fue ejecutado sin sumario. Mi abuelo no, quedó pendiente de juicio. Alguien respondió por él, pagó la liberación y pudo regresar a casa. Desenterró la moto, la vendió y montó un taller de bicicletas.  A mí las cuentas no me cuadran y la venta de una moto no pudo dar para tanto. Debió de ayudar a alguien importante que le permitió salir del apuro tan poco apaleado y con bienes para recomenzar de nuevo.  Pero mientras, aún en la guerra y después de un bombardeo donde un proyectil estalló a pocos metros de su refugio, mi abuela entró en coma. Despertó un par de semanas después, con una parálisis total del lado derecho y un asma crónica que no la dejó dormir jamás. Perdió su gesto dulce y amable quedando la boca retorcida para siempre. A la mano y el brazo derecho -completamente paralizados- se les unió una cojera del mismo lado. Aun así, tan maltrecha y sin esperanzas de recuperación, mi abuelo gastó una fortuna en terapia. Estuvo recibiendo descargas eléctricas que según ella decía le mejoraron mucho.
Indescriptible el amor, respeto y gratitud que sintió siempre por su marido. Cuando murió el abuelo y vimos su partida de matrimonio, comprobamos que mi madre nació 7 meses después del enlace. Las malas lenguas familiares, decían que el Satur se casó obligado por su padre -el abuelo Juan- porque se desentendió de la Tere cuando se preñó. Pero al tener la partida delante, en un segundo, me vinieron a la mente las muchas veces que mi abuela, con la vista perdida, me decía "tu abuelo es hombre de palabra, el mejor que he conocido y por mí ha hecho lo que nadie. A mí me ha cuidado siempre"... yo creía que lo decía por la terapia y los sacos de comida pero en ese momento lo vi claro:"ay brujilla, tú sabías por qué, tenías tu secreto"

Como te contaba antes, mi abuelo jamás alardeó de lo que tenía, vivieron muy humildes. Pocos años antes de morir mi abuela, mi abuelo pagó a tocateja -de detrás del ladrillo- un pisito precioso con vistas al parque de la Dehesa. Mi abuelo empezó a cerrar la tienda en agosto. Comenzaron de nuevo a viajar algo que mi madre recordaba mucho de su niñez. En uno de esos viajes, regresaron a Córdoba, a la casa natal de mi abuela. Pasaron la tarde hasta bien entrada la noche hablando con su hermano y su cuñada sobre las trastadas de infancia... se fueron a acostar todos. Ella no se podía tumbar en la cama porque no podía respirar. Tenía pánico a morir ahogada. Dormía sentada en un sillón a la vera de la cama. Se levantó a oscuras como siempre hacía para no molestar a nadie. Al bajar las escaleras dio un traspié, calló y no despertó jamás. Esto fue una calurosa noche del mes de agosto y como con todas las defunciones en mi familia olvidé la fecha. No me interesa su muerte, yo me recreo en su vida...
Esta crema es  y muy sabrosa. Es de elaboración sencilla con cosas de estar por casa que se parece mucho a la que hacía mi abuela. Ella decía que había que hacerla con mantequilla para que no dejara cerco aceitoso. Yo la hago con chalotas que las cebollas se me repiten a rabiar y no es plan. Las cosas hay que degustarlas en su justo momento y no la tarde entera...
Ingredientes:
  • 1 coliflor pequeña
  • 2 chalotas
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cda. de mantequilla
  • 1/2 litro de leche
  • 1/2 litro de caldo
  • 1 mendrugo de pan viejo
  • 3 quesitos tipo del caserio
  • algo de sal si lo necesitara

Nota:
  1. No he usado caldo fresco. He usado del caldo concentrado que compro. Es el bio-vegetariano de la marca Alnatura. Tiene un sabor ligeramente especia por hierbas y especias variadas que le da un gusto fantástico. Es por eso, que adicionalmente no le he añadido nada más. Pero si usas un caldo convencional, te aconsejo aromatizarlo con un poco de curcuma y una rama de perejil que puedes retirar al final de la cocción. 
  2. En esta crema, me parece fundamental que rehogues bien fuerte las verduras para que cojan sabor -muy similar si las hubieras asado-.

Preparación:
  1. Dora hasta que coja color las chalotas el ajo y la coliflor en la mantequilla. Añade la leche, el caldo y el pan. Deja que cueza a fuego lento 15 minutos.
  2. Una vez que la coliflor está blanda, añade los quesitos y pásalo todo por la trituradora

Kouign Amann o pastel de mantequilla bretón porque siempre vuelvo

52 días hace desde que no te escribo. Pensarás que me olvidado de ti... pero cómo, alma cándida, cómo olvidarme de tus ojos si no hay letra en este blog que no esté escrita pensando en ti. Cómo olvidarme de esa sonrisilla que nunca veo pero que tantas veces he imaginado. O cómo olvidar la angustia y el desorden en el alma cuando el mundo se ha desplomado a nuestro alrededor y desde aquí, juntos, hemos buscado la manera de racionalizarlo, de entenderlo, de no perder la esperanza ni la ilusión...
Cómo olvidarme de ti, que me has mantenido todos estos años frente a este mismo editor de entradas en el que ahora mismo me encuentro, improvisando letras que cuajen lo que siento por ti, lo mucho que te necesito y lo mucho que te añoro cuando no vengo. Pero no, no perderé tiempo en vanas excusas que ni te alimentan a ti, ni me empachan a mí... no, no, tan solo que sepas que cuando el blog calla es porque el tiempo se me echa encima, porque los días son cortos y se me va la luz en un suspiro y porque hay rachas donde mis tragones me piden repeticiones, suspiran por aquello que hice y se lamentan por lo que dejé de hacer... porque una familia necesita de sus bis, necesita oír a los más pequeños quejarse con eso de "y otra vez sooooopa" o "noooo, más garbanzooooos" ... sí, una madre siente que pierde el norte si no acuden a sus oídos tales acusaciones. Podría decirse que es como ir al cine y no comer palomitas o a un concierto y no aplaudir... no, no, el blog debe hablar -es lo suyo- pero a la familia hay que atormentarla con rutinas y quejas que comienzan cuando alzo la voz y llamo a poner la mesa y no censan hasta que se recogió la última miga... buahhh, cómo me gusta! solo de releerlo me emociono. Y es que cuando en un hogar éste es el único reproche a lamentar, eso significa que todo va bien...
Pero claro, me quita no solo tiempo sino iniciativa. Hubiera hecho pero no me puse. Habría amasado pero no encontré rato... y así, el tiempo vuela de puro sin querer. Y si al afán de atormentar en tu hogar con repeticiones, le sumas estos "y-sis" y le intercalas unas fiestas navideñas, una fiesta de cumpleaños -sí, aterricé en los 50 desde que no nos hablamos- y el resto de cohetes y fuegos artificiales con los que arranca un nuevo año... pues ea, aquí lo tienes. 52 días de demora entre plato y plato o en este caso, entre bollo y bollería. Ya, ya sé que te dije que no iba a perderme en excusas pero sino te lo digo reviento, para qué mentir...
Pero nunca pierdas la esperanza de que volveré, tardaré pero jamás te abandonaré. Si algunos optaron por morir con las botas puestas yo te desafío a vivir poniéndote las botas zampando a dos manos y me siento orgullosa al asegurarte que yo también grito al sol poniente eso de que aquí jamás pasarás hambre porque nos puede faltar el ánimo, el tiempo y la determinación pero jamás habrá post sin receta ni receta sin charla, aquí todo vale y nada sobra. Y que el viento se lleve lo que quiera porque las panzas y las almas aquí siempre encontrarán amparo...
El pastel de hoy tiene nombre y apellidos. El Kouign Amann es un pastel de mantequilla típico en la región de Finisterre. Existe una variedad individual muy mona, más hojaldrada y más vistosa que se puede degustar en alguna que otra panadería parisina y por lo que he oído, es casi obligada la visita al dentista un par de bollitos después. A mí me ha seducido ésta, la clásica pueblerina que es más mi estilo. He seguido la receta del gran Lebovitz paso a paso y si la mía quedo con menos jugos fue por su pura culpa, que me dijo que hornease a 220º y eso ha sido demasiado para mi pastel... o no, porque lo cierto es que ha dejado una capa caramelizada y extra crujiente que me ha parecido gloriosa. La luz, para variar se me iba. Saqué el pastel del horno en volandas, lo pasé a la tabla y lo acerqué a la ventana en el último instante, cuando el sol se me marchaba de picos pardos. Llegué por los pelos y dejo constancia de que en esa foto del trocito mordisqueado, me quemé la lengua, las papilas gustativas y lo que no está escrito...
Ingredientes:
  • 1 paquete de levadura seca de pan para 1/2 kilo de harina
  • 175 ml. de agua
  • 260 gr. de harina repostera
  • ½ cucharita de sal
  • 200 gr. de azúcar
  • 110 gr. de mantequilla
  • 2 cucharadas adicionales de mantequilla

Notas:
  1. Yo he hecho mi propia mantequilla a partir de 1/2 litro de nata fresca. Sobra mantequilla, no usé toda ya que obtuve 180gr. En lugar de agua, usé el propio suero de leche (buttermilk sin fermentar). Tan fácil como batir la nata hasta que se separa por competo del suero.
  2. En casa protestaron porque estaba dulce. Sí, la próxima vez pondré un poco menos (¿tal vez 180gr? sí, creo que será lo suyo).
  3. Como he dicho antes, tenía prisa porque se me iba la luz así que el último reposo en el refrigerador, fue corto (25 min.). Esto hizo que la masa estuviera algo blanda cuando la pasé al molde y por eso ese aspecto tan feuco. Habría necesitado endurecerse más.
  4. En cualquier caso, te dejo la receta tal cual y solo debes tener en cuenta que si la quieres más almibarada, con hornearla a 200ºC será suficiente.
Preparación:
  1. Disuelve la levadura en el agua (en mi caso, suero) con una pizca de azúcar.
  2. En un bol grande, mezcla la harina y la sal y añades la mezcla líquida. Espera unos 10 minutos antes de empezar a amasar para que la harina pueda absorber bien los líquidos.
  3. Espolvorea ligeramente la encimera y transfiere la masa. Comienza a amasar unos 3 minutos (aunque se pegue mucho la masa no le añadas aún mucha harina. Deja descansar de nuevo la masa otros 10 minutos.
  4. Volver a amasar ahora después estos descansos se hace más grato. Pero si ves que aún se pega mucho a la mesa la masa ve añadiendo algo de harina pero muy poco a poco hasta que la masa se despegue de las manos.
  5. Engrasa el bol con un poco de mantequilla, traspasa la masa y deja que leve durante una hora.
  6. Transfiere de nuevo la masa a la encimera enharinada y con ayuda del rodillo la extiendes. Pon la mantequilla en trozos y espolvorea 1/4 parte del azúcar por encima. Dobla la masa en 3. Puede que esté un poco pegajosa la masa así que ayúdate con una rasqueta de amasar. Vuelve a espolvorear otra 1/4 parte de azúcar por encima y dobla de nuevo la masa en 3. Cúbrela con film de plástico y deja que repose en la nevera 1 hora.
  7. Retira el film, añade una vez más otro 1/4 del azúcar y extiende la masa en un rectángulo que volverás a doblar en 3 partes. Vuelve a dejarla reposar en la nevera entre 30-60 minutos (si puedes que sea la hora redonda).
  8. Calienta el horno a 200ºC (o 220º si lo quieres más crujiente por encima). Extiende por última vez la masa en un cuadrado. Puedes usar un poco del azúcar que nos queda para evitar que se pegue al rodillo. Si tienes una sartén que aguante el calor del horno es el molde ideal. Lo trasfieres a la sartén (cuidado porque amenaza con romperse) y doblas cada esquina para dentro para que no sobresalgan. Espolvorea lo que te quede de azúcar por encima y riega con una o dos cucharas de mantequilla (yo usé solo una). Hornea hasta que el pastel esté dorado.

Bollitos enrejados rellenos de nueces y cacao para Geli

Me llamo Geli. Nadie nunca me llamó por mi nombre, imagino que aún era joven para eso. Además, mi nombre completo no es importante y nada de lo que hice en vida mereció tanta fama. Ni siquiera he pasado a la historia por ser la sobrina de Adolf Hitler. Éramos más sobrinos en la familia. Lamentablemente, soy famosa a mi pesar, por haber enamorado a mi tío hasta perder la razón. Con mi muerte, creí destruir mi odiosa cárcel de cristal en la que todos me mantenían. Creí que al morir, rompería definitivamente con el mundo de mi tío Adolf. Y para mi desesperación, ríos de tinta han corrido desde entonces bañándose en ella una lista interminable de mentirosos, especuladores y oportunistas que han querido reinventar la realidad para acomodarla a sus fantasías. Tal es la obsesión y el morbo que rodeó mi muerte, que más de un pervertido - siempre en nombre de la historia o de la ciencia- aún busca mis restos mortales en el cementerio de Viena con el deseo de desahumar mis huesos y vete tú a saber que esperaran encontrar!


Pudin de pan con chocolate o coco para no perder la memoria

Sin memoria dejaría de ser yo. Mis ojos desprenderían la mirada hueca, mi gesto amable y blandito se tornaría marmoleado, tosco, ausente y llevaría escrito en cada poro de mi piel la carencia de un pasado. Toda yo dejaría de ser. Lo que he sido ya no estará. Mis hijos me preguntarían con desesperación: Mamá, soy yo, ¿te acuerdas de mí? Mi cuerpo en sí mismo, sería la absoluta decepción por lo vivido, amado y aprendido. Todo mi mundo desaparecería. A cambio, quedaría un cuerpo desorientado, que se resiste a levantarse o a sentarse, a caminar, a cruzar una puerta o a moverse frente a un par de escalones. Todo lo cotidiano se convertiría en un suplicio. Ya no contaría nunca más que me duele, o que me atormenta. Cuando la risa o unas palabras a media voz se me escaparan, nadie sabría decir si fueron el resultado de un momento de lucidez o de una alucinación...


Crema de calabaza, hinojo con curry y coco

Creo que pocas cosas me hacen tan feliz como ver a Lucas caminar dando saltitos. Ese trotecillo, cuando evoco mi infancia, siempre va unido a sentimientos de alegría. Cuando un niño camina así, es feliz, no me cabe duda. Y si ese niño además es tu hijo el orgullo ya es brutal: cachis, lo estoy haciendo bien. Eso pienso. Eso me dice el corazón. El pasado 22, Lucas cumplió 9 años así que hemos tenido un fin de semana con mucha celebración. Siempre atamos unos globos a la puerta exterior y así damos oportunidad a nuestros vecinos para llamar al timbre y felicitar al cumpleañero. Sobra decir que entre Alles gute y zum geburtstag a veces se cuela algún eurillo de regalo...