Mermelada de fresa y ruibarbo para recordar

Recuerdo haber publicado los waffles justo antes de que llegara Álvaro. Me dije, hazlo ahora que después no tendrás tiempo. Ahora está a punto de marcharse y me he dicho, hazlo ahora que después no tendrás ánimo. Estos periodos me los conozco. Estas dos semanas en casa, son un clásico familiar. Es el único periodo del año que él puede venir a nosotros. El resto de encuentros debemos ir a él, no hay más remedio. Estos son días de dormir mucho, de estar tirados en el sofá, vagabundear, reír y recordarle a Lucas que los españoles hablamos a gritos, algo que al ser guiri le cuesta un poco de entender, porqué las personas gritan cuando son felices y están a gusto... 
Y a gritos, contando batallas, nos hemos ido a la playa, a la frontera entre Eslovenia e Italia, donde hemos paseado por Triste recordando los más de 500 años que fue austriaca y lo bonita que ha quedado esa fusión italo-ostereija (trascribo la pronunciación porque si lo escribo en germano, fliparás sin remedio). Hemos comido pizza y nos han clavado -como está mandado- por ser turistas. Hemos disfrutado de un aparta-hotel que nos dio el mejor apartamento del complejo a medio metro de la playa. Tuvimos un par de desvarios, afirmando que nos íbamos a quedar a vivir allí. Ya me gustaría, ya! no solo por la terraza a media zancada del mar sino además porque aquí la menda no hizo ni el huevo. A mesa puesta todo el día, pasando por el partidillo diario que ese no me lo han perdonado los futboleros de mi casa, que como en todas las buenas familias, siempre hay alguno...
En resumen, felicidad. El tiempo voló como hace siempre el muy canalla. Pero si alguien me preguntara aquello de lo que hablamos una vez sobre ¿oye, qué tal andas de amor? pues le diría, voy sobrada. Porque estas dos semanas me han dejado muchas escenas preciosas, no solo con mis hijos, sino también con mi costillo que tiende a descentrarse cuando debe compartir mis atenciones. Muchos besos, caricias y apretones carnales, risas y hasta estrecheces que el coche me recordaba a aquellos años en los se viajaba sin poder ni mover los pies... gracias amor, no sé si tienes forma como de estampita de santos o perteneces al olimpo y le cargas las flechas al cupido. Ni idea. Lo mismo eres ese dios que ninguna religión a ciencia cierta se pone de acuerdo de cómo y qué eres. Yo sé que existes porque de vez en cuando, te tiras el rollo con la familia Nobis y nos regalas un par de semanas de amor completo, sin ausencias:-)  
Siempre he sido reacia a publicar recetas de mermeladas y por una simpre razón. No funcionan. Cada mermelada tiene sus particularidades y lo que me va a mí, a ti no te cuadra. Llevo preparando nuestra provisión para el invierno ya va para cuatro años. Suficientes para regalar y no tener que comprar. El plan suena maravilloso, lo sé. ¿Ya te he dicho que soy muy afortunada? El caso, es que contra más experiencia tengo, más segura estoy que para hacer una buena mermelada no hay que seguir recetas sino instintos...

Lo primero, por las proporciones. Son siempre orientativas dependiendo de la fruta. Los albaricoques necesitan más azúcar y las fresas gelé. Los frutos del bosque, sobre todo las grosellas (uva grosella, grosella roja y negra, etc.) son tan ácidos que no necesitan limón. A las frutas de color naranja les gusta mucho aderezarlas con un poco de vainilla y a las rojas les gusta el ron. A las negras, un poco de canela... cada cosa, en cada casa, tiene su truco.
A nosotros nos gustan no muy dulces y que conserven aún el sabor a fruta. Para ello, importante no superar la cocción de media hora para un kilo de fruta y unos 20 minutos si haces menos cantidad. Cuando hago los peroles de varios kilos (a medida que cosechamos) la cocción cambia y ahí hay que ir improvisando... ¿consejo? si no tienes mucha experiencia, empieza a hacer mermeladas en pequeñas cantidades.

Otro factor a tener en cuenta cuando las haces más ligeras de azúcar y en cocción corta, es que quedan mucho más líquidas. Contra más la cueces más se concentra el azúcar y eso la hace espesa. Pero en tiempos cortos, no. Necesitas espesar la mermelada con polvos de gelatina. Este es un país de mucha tradición de mermelada casera así que en todos los supermercados hay productos para gelificar mermeladas, compotas y siropes. Pero mi consejo es usar cualquier gelatina en polvo porque todas hacen la misma función.
Ingredientes:
  • 1 kilo de fruta (fresas y ruibarbo)
  • 1/2 kilo o un poco menos de azúcar moreno (le va genial al ruibarbo)
  • 1 limón en rodajas
  • 1 cdta. de gelificante con una cuahara de azúcar extra
  • tarros estériles u un poco de ron para mojar las tapas y los bordes

Preparación:
  1. Esterilizar los botes y tapas la baño maría 1/2 hora. 
  2. Cortar la fruta en trozos, pesarla y añadir la proporción de azúcar (en un 2 por 1. Es decir, una medida de fruta y la mitad de azúcar)
  3. Ponerlo en una cacerola que no llegue a cubrir ni la mitad para evitar que salpique. Llevarlo a fuego medio junto con las rodajas de limón.
  4. No cocer a fuego mínimo. Siempre a medio para que evapore pero evitando excesivo calor para que no se agarre. Ve moviendo con una cuchara de palo larga de vez en cuando. No hace falta retirar la espuma ya que no es tóxica. Desaparecerá sola. 
  5. Pasados 20 minutos reduce el fuego al mínimo. En vitrocerámica directamente apaga y aprovecha el calor que desprende. Añade poco a poco el gelé mezclado con una cucharada de azúcar para que no haga grumos y remueve. Deja que repose a fuego mínimo o apagado (según el caso) 10 minutos.
  6. En caliente la mermelada siempre está más ácida. Así que para probar el sabor y la consistencia pon un poquito en un plato, lo enfrías y lo pruebas. Si está muy líquida añade un poco más de gelé mezclado en azúcar y si te resulta ácida puedes añadirle más azúcar. Vuelves a dejar que repose a fuego mínimo o apagado (según el caso) 10 minutos. El azúcar que rectificas ahora no se cristaliza. Eso solo pasa en mermeladas saturadas de azúcar. Éste no es el caso.
  7. Prepara los botes. Moja las tapas en ron y los bordes de los tarros. Los rellenas de la mermelada caliente, cierras y los colocas bocabajo para que hagan el vacío. Con los tarros aún templados sin llegar a enfriar del todo, los lavas en agua corriente para eliminar restos de mermelada y mojas de nuevo en ron el borde del cierre. Dura muchos meses guardado en un lugar seco y sin luz directa. Cada 2-3 meses, vuelvo a echar un poquito de ron en los bordes.

Waffles, en busca del gofre perdido

Me tomo un rato para que sepas que te quiero. Porque si no vengo, no es por falta de afecto, ya lo sabes. Porque si estoy callada no es razón de estarme mordiendo la lengua sino una simple cuestión de ir con ella fuera todo el rato. Llevo muda, cuanto? deja que calcule... 4 semanas justas. Lo sé, prometí que no volvería a las andadas, que iba a ser más cumplidora y organizada pero qué puedo hacer? el tiempo guerrea conmigo, me trae y me lleva a su antojo y aunque mi cabeza intenta imponer su propia voluntad, el cuerpo se deja llevar por las horas, los días y a poco que me descuide los lustros... por la parte que me toca, yo no quiero que corra tanto, me gustaría que frenara un poquitico, que me dejara disfrutar de todo con plenitud, sin sofocos ni fatigas. Pero va a ser que no. O corres o el muy canalla se larga sin ti.
Me gustaría retenerlo y disfrutar más de la niñez de Lucas que veo que se escapa, que crece sin miramientos y cada día es más muchacho dejando de reclamarme como lo hacía antes. Quiero retener al niño en mis pupilas, esas miradas ingenuas que poco a poco se van disolviendo por picardias, bromas y otras trastadillas de muchachote. Me gustaría coger a Álvaro y achicarle de un plumazo, hacerles de la misma edad y mantenerlos siempre así de canijos, eternamente en el limbo de las faldas de su madre que si voy más de pantalones es solo una cuestión práctica de estos ajetreos diarios porque si el tiempo me dejara depilarme las pantorrillas a mis medias pongo por testigo de que siempre llevaría falda...
Sí, me gustaría retenerlo al muy traidor para saber y aprender más: algo de fotografía, pintar al óleo, leerme los Episodios Nacionales y hasta la Espasa Calpe. Me gustaría saber más de todo. Poder cuestionar e investigar cada barbaridad que nos hacen creer, saber el por qué de cada cosa. Saciar mis ganas de conocimiento y para cuando me harte, ese día devolver al mundo todo cuanto me dio y entonces me gustaría retener el tiempo para poder enseñar a cada hijo de vecino, todo cuanto en la vida aprendí. Y mientras. por supuesto, seguir con lo mío sin hacer feos ni a las obligaciones ni a los placeres de mi vida, mis fregoteos diarios y tortillas de andar por casa. Lo típico, lo normal, que no aspiro a columpiarme de un guindo... y mira, estaba convencida que no iba a pedir nada más que tiempo pero a la que tomo conciencia de lo que escribo me doy cuenta que para cumplir mis deseos necesitaría o ser del planeta de superman o disponer de un montón de píldoras vigorizantes -o algo peor- o cuando menos una destilería de red bull en mi sótano para que las fuerzas no me abandonen por un alma más pausada y apática sin ambiciones maratonianas...
Y así las cosas, con mi gozo en un pozo, regreso al principio de mi post. Vengo a decirte que me falta tiempo para todo y que como le tengo tan limitadito, me toca priorizar y que a día de hoy mis chicos ganan por goleada y se comen mi tiempo libre entre risas y bromas -unas veces- y quejas y broncas otras que en esta casa como te imaginarás gastamos de todo. Pero disfrutando, así te lo digo. Borré facebook de mi movil y cuando disfruto de un día familiar o con amigos, el susodicho se queda en casa. Doy fe que hay vida después de tener un perfil en redes sociales. Muy saludable, créeme. Desde hace meses, no me conecto a nada después de cenar. Ejerzo de filete tirado en el sofá con el Günter a mi vera viendo la única tele del día. A veces toca enterarse de lo que le pasa al mundo y otras echar un par de risillas con los del big bang theory o los Simpsom. Cada oveja con su pareja y la cabra al monte... Ah! y los fines de semana y fiestas de guardar, un dulce como está manda'o.
El mundo Waffle -gofre para los parlantes en españó- es uno de esos universos que me fascina. Me gustan a rabiar y si me corto y no los hago con más frecuencia, es simplemente por la concentración calórica que pueden llegar a amasar estas dulzuras. Antes de entrar a explicar los míos, enseñarte esta receta de mi requeteamada Vicky que he tenido el gusto de probar -los waffles, no a Vicky- y puedo afirmar que están para morirse en el acto sino fuera porque el afán glotón del buche te regresa del otro mundo solo para poder seguir engullendo el mortal gofre. Uno puede morirse y revivir tanto como de cantidad de gofres se disponga. Eso sí, a los de Vicky le quité el romero. Ese día sentí que no estaba para romerías pero cualquier domingo de estos cae con verde...
Pero, en este afán mío de extraer grasa y azúcar de los bollos sin pudor alguno, creo que es ésta la receta más succionada con la que me he encontrado sin perder sabor ni jugosidad. Porque recetas con menos maleantes sí que he encontrado pero con resultados bastante mediocres y una cosa no puede quitar a la otra. La encontré aquí y es de una chica que tiene por costumbre pasarse los domingos dándole al waffle.

Yo te voy a mostrar como hacerlos. Cómo y con qué zamparlos es cosa tuya porque lo cierto es que no sé que recomendar. Hemos probado con casi de todo encima y no sabría decir con qué me gustan más. Eso sí, el bichejo lo tiene requeteclaro...

Ingredientes para 6-7 waffles:
  • 3 huevos
  • 1/4 cdita. de sal
  • 70 gr. de azúcar
  • vainilla
  • ralladura de limón o de naranja
  • 250 gr. de harina repostera
  • 1 cda. de polvos químicos de hornear
  • 250ml. de Buttermilch (puede que admita un poco más)
  • 70gr. de mantequilla (usé 50ml. de aceite suave)
  • un poco de mantequilla para frotar la plancha de gofres

Preparación:
  1. Poner todos los ingredientes juntos y los bates con ayuda de la minipimer. 
  2. Calientas la plancha de hacer los gofres. Justo antes de verter la masa, unta las placas con mantequilla.
  3. Vierte masa hasta cubrir las placas, cierra la plancha y espera a que se doren. Consumir aún tibias.

Roti Canai hecho en Austria por una españolita

¿Es ético que una guisandera paletita y poco viajada como yo publique tantas recetas exóticas? ¿tengo que haber hecho turisteo en el lugar originario de ciertas manducas para que sean creíbles? ¿las cosa del comer tienen sellos de autenticidad? ¿y bajo qué reglas? y esto, ¿qué le importan a mis papilas gustativas? 
Existe -o existió, no sé si aún se mueve este tema- une leyenda de real food orientada a dar credibilidad a la cocina foránea y en en particular sobre la cocina asiática. Curiosamente, me he topado con alguno de estos real food que habían publicado un gazpacho hecho con chiles, tabasco y hasta con pesto de albahaca... también recuerdo como hace 4-5 años que se puso de moda en USA el ajoblanco porque una parejita muy mona de San Francisco habían hecho un tour por los pueblos blancos andaluces. Sopa de almendras que se sirve con uvas. Hasta aquí el concepto claro pero que eso de comerlas enteras no les debió de seducir del todo y oye! a la licuadora con las uvas. El caso, es que salieron un montón de replicantes contando que en el sur de España se come una sopa fría de almendras y uvas. Me entró el furor patrio y a la parejita del tour que yo dí por los originarios de la moda, les dejé un mensaje en la entrada diciendo que no, que es sopa de almendras -o pasta tipo dip para untar, que va a gustos- y que las uvas son un acompañamiento y que hay quién las come y quién las deja. Confesé que yo, las dejo. Siempre. Y hasta hoy. No me contestaron. No he llegado a saber si lo de las uvas en la licuadora fue un arrebato de creatividad o un cortocircuito cultural. Vaya usted a saber, amigo mío!
Otras veces, para reforzar -o forzar- la credibilidad de un plato, recurrimos a parientes lejanos, parientes de vecinos, vecinos sin emparentar y si no hay más remedio dejamos el parentesco en amistad y contamos eso de mi amiga tal... tengo pruebas y puedo demostrarlo porque en este blog encontrarás más de una referencia a mis amigas internacionales y tengo en mente pillar por banda a las que aún se me resisten porque donde vivo somos como la ONU, solo nos hace falta que nos pongan un casco azul. Pues en esta categoría de recetas también he encontrado más de un fiasco. La mayoría de las recetas que los americanos de las barras y estrellas llaman lo que sea al estilo alemán nada tienen que ver con la realidad germana. Algún blog latino, en su inocencia, se han sacado a una tía de una vecina o la prima de una amiga que era de Bavaria y le pasó la receta. Yo me parto claro, que puedo hacer si no.
Es evidente que en cualquier momento nos las pueden dar con queso con intención de la buena o con picardias. Cada cual sabe, yo leo blogs pero no las mentes de los autores. Pero yo me pregunto. Y si está bueno, por qué no. A mí me da igual quién se cree con más derecho o credibilidad a la hora de publicar comida internacional. Me da igual si es adaptada al gusto local o de cada casa. A Jamie Oliver le he visto hacer unas tapas españolas nada ortodoxas pero con una pinta brutal. Por qué no? porque es guiri? solo pueden innovar los nativos? Si está rico, que más da?
Y aquí es donde hago la gran crítica de siempre. A mí me fastidia la falta de honestidad y me da igual si la receta es mentirosa o quien me la cuela es la entradilla que acompaña a la susodicha. Una anécdota: ves una receta que te entra por los ojos directa al píloro, las fotos jugosas y grandiosas. Cuando la haces y en privado comentas "cachis, pues mira que me salió un poco insípido" quien en su blog había repetido ochocientos por dios que rico me dice "pues sí, a nosotros también nos pareció insípido". Me cachis, me cachis y recachis! y me lo dices ahora!!!! sobra decir que desde ese momento vivo en un sin vivir, porque me gustaría poder avisar que la receta no es buena, que podría mejorarse o habría que añadirla a la lista de engrudos. Una reflexión: el éxito de los blogs sobrevino porque la gente no se fiaba de la calidad de muchos libros de cocina. Alguno conservo de esos que de cada 3 intentos dabas con una cosa buena. El resto terminaba echando raíces en mi nevera.
El caso es que si una receta funciona, si está rico un plato, a mí me vale sin que nadie me acredite bandera, sellos de aduanas o facturas de hotel. Lo que busco es lo mismo que en mi blog intento transmitir. Doy fe que todo lo que ves en mi recetario, está aquí porque me gusta. Algunas cosas las tuve que hacer dos veces. A veces para mejorar la receta de origen y a veces porque yo me equivoqué y rectifiqué lo que no debía. En cada receta, cuento mi experiencia que no será infalible pero es sincera.

Dicho esto, puedo tirarme el pisto de ser una experta comedora de tortas de pan. Es algo que nos chifla en casa y que no pierdo ocasión de probar algo nuevo. En este amasa y prueba sin salir de casa -y sin guía turístico- he aprendido mucho. Y cuanto más aprendo, más me doy cuenta que muchas tortas de pan son requeteviajeras y que los m'semen que se cuecen en Marruecos son casi idénticos a las parathas y a estos roti canai malayos. Son tortas tradicionales de las comunidades musulmanas así que la intuición explica porqué han pateado -y chapoteado- tantos miles de kilómetros. Creo que puedo decir que son mis favoritas aunque también te digo que siempre las últimas, son las que parecen más sabrosas...
Ingredientes:
  • 300gr harina común
  • 1 cdta. de sal
  • 1 cda. de azúcar
  • 1/3 de vaso de aceite o ghee
  • 1 huevo
  • 3/4 de vaso de leche

Notas:
  1. de las muchas recetas que he visto y probado de los roti canai, la que más me gusta es ésta de aquí. La receta fue publicada en una revista malaya y tienes la particularidad que se hace con leche condensada. Yo no la uso así que la he reemplazado por mi leche de granjero.
  2. Es posible que no necesites usar los 3/4 del vaso de leche. Yo sí he preferido empezar por una masa muy muy hidratada y luego ir rectificando con harina. Siempre que empiezo al revés, es decir, hidratando una masa dura, no me queda tan elástica la masa y en estos panes planos es fundamental.
  3. Respetar los reposos es también muy importante. No pasa nada si dejas preparadas las porciones por la mañana aunque no las necesites hasta la cena. Cuanto más reposa, más blanda es la masa.
  4. Hacer la masa en procesadora de alimentos ( o amasadora o varillas eléctricas )es mucho más rápida. Yo últimamente he dejado de amasarla al 100% a mano porque me quita mucho tiempo. Hago un 50% a 50%. 

Preparación:
  1. En la procesadora, pon todos los ingredientes (menos el aceite) y amasa unos 3 minutos. Deja que repose 5 minutos para que la harina se desarrolle. Transfiere la masa a la encimera enharinada y vas amasando a mano e incorporando algo de harina a medida que te haga falta. Cuando esté blanda y compacta dejas que descanse 15 minutos para que el harina del amasado se desarrolle.
  2. Mójate las manos en aceite y haz bolas de unos 75gr. Las cubres con film de plástico y las reservas otros 5 minutos. Coge una bola y la impregnas bien en aceite o mantequilla clarificada (ghee) o si lo deseas una mezcla de ambas para que cojan el sabor al ghee. La vas extendiendo con las manos, primero el centro hasta que tienes el cilindro inicial, y luego tirando de los bordes con los dedos de las manos. Para que quede muy muy fina la vas ahuecando y estirando tal y como te muestro en las fotos de abajo.
  3. Una vez estirada, mojas levemente la superficie en la mezcla de aceite, y pliegas hasta tener un cuadrado (mira las fotos). Las cubres de nuevo con el film y las reservas hasta que las vayas a freír, siempre en le último momento para que lleguen calientes a la mesa. 
  4. Antes de freír, las tienes que volver a estirar con las manos o si lo prefieres con ayuda de un rodillo (a mano quedan más hojaldradas). Tienes que quedar muy finas y no te importe si algo se rompen. Sobre todo, cuida que los bordes queden muy finos. Pro último, las fríes en una sartén. Primero calientas la sartén a fuego alto, lo reduces a medio y las cocinas como un minuto por cada lado.

Bollitos de leche de coco rellenos de cosas ricas y rollos estacionales

Para gustos los colores y las estaciones. Cada hijo de vecino tenemos una favorita que suele estar influenciada por la climatología de donde vivimos. Relativo que es el mundo, que le vamos a hacer, él es así. Quien vive cerca del ecuador, suele tener menos remilgos y contra más meridionales más radicales en gustos. Hay quien le chifla la nieve porque no la tiene o le recuerda a unas vacaciones esquiando. Le suena a descanso y diversión. Ahora, cuando vives con una pala de nieve en la puerta de casa y tienes que calzarte un traje de buzo y botas de oso para despejar montañas de nieve donde -todo sea dicho de paso- ya no hay esquinas donde acumularla... digo! cuando vives en un invierno largo y oscuro y gris y cuando la nieve se hace vieja y fea y los vientos siberianos azotan dejando tormentas de hielo a su paso y donde a las 4 de la tarde es noche cerrada y atiza un frío solo aptos para marcianos... y? pues sí, muchos ies y unos cuantos más que podría contarte si quisiera...
Ay amigo! esto es otro cantar. Esas estampas nevadas con un té frente a la chimenea son ciencia ficción. Y si no, pregunta a mi Günter por su pesadilla de cada mañana, teniendo que salir de casa aún sin amanecer, con -10º de media, un cuarto de hora antes para encender la calefacción del coche, escobar nieve y rascar hielo con los pies congelados porque con botas de oso no se puede conducir y por mucho cuidado que le pongas siempre se te adhiere una importante comisión de nieve en botas y abrigos y a la que conduces un desagradable charquito de líquido helado se acomoda en tus huesos y en las alfombrillas del coche, por supuesto. Sobra decir, que son en estos trances, cuando las baterías deciden dejar de funcionar y no sería la primera vez que tienes que quedarte haciendo guardia esperando que venga el de la asistencia a resucitar el automóvil, porque aún sin despuntar el día y estos operarios de la carretera están en hora punta. Y pobre de ti como a la que conduces te toque ir detrás del quitanieves.
Así que imagina, como se inunda el alma cuando llega la primavera. El gris desaparece de un plumazo, todo es color y olores a verde recién germinado... sí, a abonos también -es lo que tiene- pero todo es renacimiento y luz y gozo. Las bicis a la calle, los niños pa'rriba pa'bajo con los patinetes, las excursiones... y vuelta al jardín y al huerto. Cava, trilla, arranca, corta... no importa, sarna al sol no pica, vuelta a sacar las tumbonas -aunque luego no las uses por falta de tiempo- y los balones y las sombrillas... las lechugas, los plantones, los frutales en flor... vida! a tope!
También te digo que quien quiera sacar punta a esta estación, está en su derecho y no le falta razón. Uno no sabe como salir de casa. Lo normal es helarte por la mañana y al mediodía vas recocido en tus propios jugos con la chamarra bajo el brazo, los chales arrastrándolos cada dos por tres, el jersey remangado hasta los hombros y los mofletes congestionados de pura calorina. Si se te ocurre sacar ropita más ligera, el pedazo de pulmonía que pillas con la fresca es para hacer historia. Y en casa, lo mismo. Si enciendes la calefacción te asas. Si la apagas, te destemplas. Si sales por la noche a alternar, el abrigo te estorba, si te echas una cazadorita vaquera por encima, regreso al mundo pulmonía... como decía, para estación perfecta las estampas, no queda otra...
Y si a este que voy que vengo, resulta que te has echado en la vida un señor maniático que vive obsesionado con el césped, que lo quiere puro y sin otras hierbas, la primavera puede adquirir tintes de pesadilla. Cada año, tenemos invasión de algo. El diente de león y otras florecillas moraditas requetemonas que hemos tenido no suponen problema porque se comen. Este año, a nosotros nos han tocado los Gänseblümchen -margaritas- que aunque también son comestibles, saben mucho a flor para mi gusto. Como mi chico me atormenta a diario con eso de "si tienes un rato arranca margaritas" y con el firme propósito de no dejarme enroscar con el tema, me he lanzado a darle al bollo enrollado, de coco para más señas -solo con la leche- y rellenos de choco y confitura algo ácida, a ver si así me pilla la indirecta y deja de mortificar mi pobre intelecto con tanto arranca que me invaden los hierbajos. Y para que el peque no termine pagando bollo, rellené la mitad de nutela pura y dura, para que todos estemos contentos y ya que no somos de comer perdices, comamos de dulce tan ricamente y margaritas a la mar, a otra cosa mariposa y cada mochuelo a su olivo que a falta de olivar tengo un guindo, un albaricoquero y un ciruelo. 
Esta perversión embollada es un invento a raíz de una foto que ví en pinterest. En fín, que hay gente que le gusta enseñar lo que hace pero no compartir recetas. Era una foto de flickr y perdí más tiempo en buscar la receta que en echarle imaginación y hacerla a mi manera. Primer intento y diana. Porque no tiene perdida. Fusioné estos bollos turcos cambiando la sémola, añadiendo la leche de coco y poco más. Cuando te enrollas una vez, el resto es pan comido... perdón, bollito relleno de cosas ricas.

Ingredientes:
  • 400gr. de harina de fuerza
  • 300gr. de harina repostera
  • 1 huevo
  • 75gr. de azúcar
  • 400ml. de leche de coco
  • 25gr. de mantequilla o aceite de coco
  • levadura panadera para 1/2 kilo de harina
  • una cdta. rasa de sal
  • un poco de aceite extra para trabajar los bollitos
  • azúcar glas para espolvorear

Notas:

  1. El relleno es puro gusto del amasador. Al amasado -al bollo- le da igual que le pones así que decide tú. Yo he tirado por lo fácil -los de nutela- y lo práctico -mermelada de naranja casera- y unas pepitas de chocolate, combinación que me chifla.
  2. Yo los he hecho con aceite de coco. Bueno, grasa de coco porque el aceite surge cuando se calienta. Hasta entonces el formato es sólido. El precio dl aceite de coco es brutal. Comercialmente está de moda, nos han dicho que es super saludable y toma clavada del ocho. Aquí en Austria se puede comprar a precio de mantequilla en el Merkur y el Billa todo el año y en época de galletas de navidad en todos los supermercados. Es por eso que la uso. Si tuviera que pagar esos dinerales ni harta de vino lo verías en mi lista de ingredientes. Jamás. Sé práctico y usa mantequilla o cualquier otro aceite que te resulte más asequible. 

Preparación:
  1. En un bol pon todos los ingredientes secos (harina, azúcar, levadura y sal) y mézclalos. Después añade los húmedos (el resto y la mantequilla o aceite de coco derretidos), amasa hasta que tengas un bolo compacto y manejable. 
  2. Deja que repose unos 10 minutos para que la masa se quede más blandita y das tiempo a que la harina absorba bien los líquidos. Mójate un poco los nudillos y trabaja la masa hundiendo los nudillos, estrellándola sobre la mesa. Tiene que quedar muy elástica para que la puedas estirar luego sin que se te rompa.
  3. Amasa de este modo durante 5-10 minutos. (puedes hacer una pausa de un par de minutos en medio). Si la masa se queda dura, mójate las manos en agua a la que amasas. Mira la foto abajo y verás que la textura es pegajosa. Deja la masa levar entre 1 y 1/2 a 2 horas tapada con un paño húmedo.
  4. Divide la masa en porciones de 100gr. para bollos grandes -como los míos- o en porciones de 70gr. para bollos más pequeños. Haz bolitas en cada porción y los tapas para que no se sequen.
  5. Para formar cada bollito, moja la encimera y las manos en aceite. Con ayuda del rodillo, extiende la masa lo más circular posible. Rellena ligeramente con lo que desees y enrolla por completo a modo de manguera o culebra o qué se yo... una cola! nos entendemos, creo.
  6. Vuelve a mojarte las manos en aceite si te hiciera falta. Coge un extremo que presionarás sobre la mesa. Con el otro extremo, enrollas sobre sí mismo. El extremo final, lo escondes debajo del bollito y lo colocas en una placa de horno con papel de hornear encima. 
  7. Precalienta el horno a 190ºC y termina de enrollar todos los bollitos. Deja que repose unos 15 minutos antes de hornear. Cuando los bollitos estén dorados, los sacas, dejas que templen o se enfrien por completo y espolvoreas azúcar glas.

Marinada de charqui jamaicano

Hace algún tiempo ya vine con una historieta de jamaicanos cuando te presenté este curry que a falta de charqui lo adapté con tamarindo. Pues bien, después de años de ardua investigación, y ochenta viajes alrededor del mundo buscando al Dr. Supongo, puedo decir que poseo mi propia pócima para marinar al estilo jamaicano. Yo, la Mai de estas hierbas y especias tiene su propio charqui.Pero como todas las historias dignas de ser contadas, hay que comenzar por el principio de los tiempos...
Hubo una vez un señor quechua muy quechudo que era el gran mago de sazonar la carne seca. Por casualidades de la vida, a su pueblo se le quedaron chicos los andes y decidieron andar pa'rriba a ver que encontraban y como todas las expansiones de nuestro mundo a nivel mundial, lo hicieron conquistado y dando mamporros por donde iban pasando. Conquistar tierras da mucha hambre así que nuestro señor quechudo se hizo indispensable en tan ambiciosa expedición. El caso es que entre que pega que corre, corre que pega llegaron hasta verse las caras con los aztecas y como era de esperar, se lió parda. Aquí la pista de nuestro señor sazona carnes se pierde un poquito porque hubo mucho jaleo entre conquistados y conquistadores y por cosas del azar nuestros quechua junto con otros araucanos se tiraron a la mar y se asentaron en todas aquellas islas que se encontraron por delante. A nuestro sazonado amigo, le tocó establecerse en Jamaica no sin dar mandobles a la que llegaban porque la isla no es que estuviera desierta exactamente. Y así, mientras se tiraban de los pelos -y cosas peores- con los guanajatabeyes, nuestro hombre tuvo que esmerarse en secar carne porque esto de guerrear despierta a los jugos gástricos de una manera bárbara y a estas alturas de la conquista estaba el pobre que no daba a vasto con tanta guerra.
Afortunadamente, la cosa se calmó y allí que se quedaron tan felices comiendo charqui. Como la isla era fértil y tenía una cantidad brutal de cosas ricas, el sabrosón de nuestro amiguete se hizo tan popular que no había choza en la isla que no secara su propia carne. Y las envidas que como siempre son muy malas, comenzaron a rodar. Pues mi carne está más rica que la tuya. Ni de blas, Nicolás... y cosas similares. Y así estuvieron la tira de años refinando sus adobos chincha que chincha. Como la paz duraba, pues estos isleños se dedicaron a ser felices, disfrutar de la vida y como no podía ser de otra manera, a zampar charqui como está mandado.

Pero llegó Colón y se lió parda. Mamporros y más manporros que duraron hasta que llegó el inglés y como podrás imaginar, se continúo liando parda esta vez al cuadrado. Para ganarse a los jamaicanos, los ingleses liberaron a los esclavizados por los españoles haciéndolos libres y así super a lo tonto se crearon las primeras comunidades de liberados en el interior de las montañas. Nada como perder la libertad a golpe de látigo para defenderla con uñas y dientes, por lo que a no mucho tardar se montó una red de cimarrones que ayudaban a otros esclavos a huir... ¿de quién? de los vendedores de esclavos ingleses y aquí a los britis se les puso el humor desata'o. Se les disolvió la flema en un abrir y cerrar de ojos y se liaron a... sí señor! a mamporros con los cimarrones por controlar el interior de la isla y no hubo nada que hacer. Unos 40 años estuvieron guerreando con los marrons y como si quieres arroz Catalina. Los cimarrones se organizaron y se establecieron haciendo buenas migas - y charqui- con los autóctonos y mientras unos le daban caña a los ingleses, los de dentro se dedicaban a asentar los poblados que se dedicaban mayoritariamente a la agricultura.
Fue en esta época, cuando los cimarrones le dieron una colleja a los descendientes de nuestro quechudo: "pero a ver chavales, carne seca? pa'qué, teniendo chuletas frescas y tanto pez! a la parrilla, hombre y no se hable más" y así es como el sazonado se convirtió en marinado aunque todo sea dicho de paso la carne seca se siguió produciendo porque cuando uno está guerreando no se puede parar a encender el grill...

Pero llegó el día que a los ingleses les tocó ganar y para que no volviera a pasarles lo mismo, gran parte de los cimarrones fueron deportados a Sierra Leona. El único grupo que consiguió sobrevivir fueron los Accompong que dicen las malas lenguas que aún conservan un coronel elegido quien simboliza su espíritu de independencia y no sometimiento al inglés. Esta localidad es considerada como un estado dentro del estado jamaicano. Y como no podía ser de otra forma el centro neuralgico del charqui se encuentra aquí, concretamente en el distrito de Look Behind (por aquello de estar siempre mirando atrás por si vienen los británicos) y el de Me No Se You No Come (adaptación libre de un refrán inglés que viene a decir que no te metas donde no te llaman). Sobra decir, que charqui es el nombre que usamos los latinos de habla española porque en Jamaica se quedaron con el nombre inglés, jerk. Y por sus jerks que a estos jamaicanos no hay quien les someta y como a cabezotas no hay quien los gane, para devolverle la fechoría a la Gran Bretaña, han sido el primer y más grande movimiento migratorio en masa que ha recibido la Royal porque por todos es sabido que donde las dan, también se toman y ahora uno no sabe bien quién conquistó a quién.   
Solo decir que el café jamaicano es el favorito de los ingleses (Blue Mountain) así como su ron, el más preciado por lores y sires. Que el movimiento rastafari nació aquí y que una de las especias más preciadas en el mundo lleva su nombre: pimienta de Jamaica. Mucha gente cree que las cuatro especias o all spices y la pimienta de Jamaica es lo mismo. Realmente no, son sucedaneos que asemejan el sabor de esta baya que adquirirla fuera del Caribe se hace costoso y complicado así que estas mezclas vienen a imitar su sabor con mucho acierto, todo sea dicho.
Y ¿cuál es el secreto del charqui? fundamentalmente su sabor a pimienta de Jamaica, sabor ahumado a grill y el toque de la salsa worcester que le deja ese puntico tan fresco a tamarindo. A partir de ahí, las recetas varían y se pueden adquirir picantes, suaves, aderezadas con limón o con vinagre, con ron o sin ron, etc. etc. Lo importante es embadurnar bien la carne -ya sea de pollo de cerdo o pez- y tostarla bien por todas partes hasta que quede negra como el carbón. Para que no amargue, irás mojando regularmente las tajadas con la marinada y así la salsa se caramelizará dejando un tostado rabiosamente sabroso. Y aquí paz y después gloria.
Ingredientes:

  • 2cdas. de jarabe de ágave o miel
  • 1 chalota
  • 2 dientes de ajo
  • unas ramas de tomillo
  • 4 cdas. de ketchup
  • 4 cdas. de salsa de soja
  • 1-2 das. de ron especiado
  • tabasco chiplote ahumado
  • salsa worcerstershire
  • 1cdta. de cuatro especias
  • 1cdta. de ají molido (o guindilla si que quiere picante)
  • agua (o zumo de 1 naranja o un chorro de cerveza)
  • Un buen chorro de limón

Nota:
  1. Lo importante de esta marinada son el sabor caribeño de las cuatro especias, la salsa worcestershire y el toque ahumado. Si no se dispone de tabasco ahumado, se puede reemplazar éste y el ketchup por tabasco convencional y salsa barbacoa. 
  2. Yo hago la salsa añadiendo el zumo de una naranja y un chorro de limón pero hay variantes con medio vaso de vinagre o de cerveza. Si se desea más suave, simplemente agua. 
  3. La cantidad de especias es una cuestión de gustos. Me gusta que se noten pero que no predominen. La cantidad de picante es también a gustos. Yo uso ají para que no quede picoso pero los más valientes puede usar un par de chiles o guindillas.

Preparación:
  1. Poner todos los ingredientes juntos en una procesadora hasta que estén bien triturados. Se puede hacer perfectamente con una minipimer. 
  2. Adobar la carne o el pollo un poco antes de cocinarla o a la parrilla o al horno.